Don Héctor Alancay




En esta foto, estamos con mi amigo, Don Héctor Alancay, delante de su casa en Cerro Azul, cerca de un pueblo llamado Barrancas, en la Provincia de Jujuy, Argentina.

Don Héctor es un campesino Coya con el cual nos hicimos amigos en 1982, cuando visité por primera vez el pueblo de Barrancas, mientras buscaba una comunidad indígena donde llevar adelante un proyecto de antropología aplicada al desarrollo de tecnología apropiada.

Más que amigos.

Don Héctor se convirtió, en poco tiempo, en el principal socio local del proyecto. Tan socio, que la propia categoría de "socio local", que constituyó el núcleo de la reflexión epistemológica iniciada entonces, emergió de la participación que él mismo tuvo en la construcción de datos, ideas y reflexiones sobre los datos y las ideas.

Don Héctor definió de otra manera nuestro vínculo: "Don Mario es, al mismo tiempo, como un hijo y un padre para mí". Fue una vez en 1990, cuando lo visitó Héctor Torres, mi alumno en antropología, que luego me mandó la cita en una carta a Austin, donde yo estaba trabajando sobre construcción del conocimiento popular.

Don Héctor tuvo unos quince hijos, y debe andar por los cincuenta nietos.Todos esos hijos, y la mayoría de los nietos, se criaron como indígenas campesinos, en condiciones que las estadísticas indicarían como de "extrema pobreza". Pero creo que nunca les faltó una casa apropiada para vivir, ni alimentos abundantes y bastante equilibrados, y, mucho menos, nunca les faltó ese alimento básico para el desarrollo humano que es la identidad cultural.

1 comentario:

H. T. dijo...

Lo que cuenta el profesor sobre mi conversación con Don Héctor Alancay coincide bastante con mis propios recuerdos. Hay más ...